miércoles, 29 de marzo de 2017

No busques el amor.


Tras un matrimonio fallido de dos años de duración, Arcadio tuvo una nueva aventura que tampoco fructificó. Parecía que eso del amor no estaba hecho para él, de modo que se pasó los siguientes ocho años en un celibato cuasi cartujano.

 A punto de cumplir los cuarenta, envidiaba la estabilidad y los hijos que sus amigos tenían. Sin embargo, a esas alturas encontraba dificultad para hallar pareja; creía que desentonaba en aquellos lugares donde buscaba, sin pensar que el amor no se busca, aparece cuando menos se espera, que la impaciencia lleva a la ansiedad, y ésta, al fracaso.

Para conseguir un fin, hay que poner los medios, pensó con su lógica, cual si estuviera en el trabajo. Y el mejor medio para vender, para venderse, era mostrarse tal cual en el escaparate más grande del mundo: La red.
Preparó una página tipo test con todos sus datos, sin trampa ni cartón y que vemos a continuación.

Nombre: Jesús Arcadio.
Edad: 39 años.
 Altura: 1.83 cm.
Peso: 76 kg.
Estado: Divorciado.
Hijos: No.
Trabajo: Estable (16 años misma empresa)
Salario: 60.000€ año.
Vivienda: Sí.
Hipoteca: No.
Coche: Sí.
Deportes: Sí.
Carácter: Extrovertido.
Creyente: A mi modo.
Aficiones: Trabajo, lectura, senderismo.
Manías: La puntualidad.

Con este currículum, parecía fácil presa para cualquier lagarta de las que pululan en busca de fortuna. Bien es verdad, en estas cosas siempre se disfraza, aumenta, disminuye, retoca con Photoshop, que nuestro hombre, tonto no era.

Arcadio recibió una cantidad de mensajes apabullante. Día a día tenía que eliminar la mayoría de ellos, eso sí, contestando educadamente que la candidata no encajaba.

Hubo una que le llenó el ojo nada más ver la foto mandada por whatssap. Concertaron una cita para el mismo día, Arcadio solo se tenía que desplazar treinta kilómetros.
La joven era tal y como la fotografía la mostraba, otra cosa era su personalidad engañosa. Si en los correos se había mostrado conversadora y de buena cultura, tras cinco minutos de conversación pudo comprobar que solamente le interesaba una cosa: El sexo. Arcadio pudo haber aprovechado un aquí te pillo aquí te mato, pero él no era de esos. Con una disculpa la dejó allí plantada.

La segunda seleccionada, iba de instruida, pero su conversación era tan insulsa, que Arcadio comprendió que lo que escribía simplemente era un remedo de lo que otros decían. Muchas risitas de por medio y citas a personajes importantes​ sin venir mucho a cuento. Le dio pasaporte a las primeras de cambio.

La tercera, además de impuntual, le envió una foto que en poco se parecía al original; era de cuando debía tener quince años menos. Ella, al ver que él no había mentido, se disculpó alegando suponer, que él habría hecho otro tanto.

Aquél sábado, se fue hasta el parque a correr un poco. El circuito transcurre por la margen izquierda del río, justo al borde. Rodea un bosquecillo de eucaliptos que van parejos a la calle y de nuevo al inicio. Tal parece que alguien eligió el lugar por diversas razones; la llanura del terreno, la humedad que proporciona el río, y el perfume de los árboles, todo ello bálsamo para los pulmones. Apenas son tres kilómetros por vuelta y siempre hay alguien, mañana o tarde. Unos hacen marcha, otros velocidad, pero los más solo corren para estar en forma.

Arcadio, ha finalizado su ejercicio, cambia camiseta, calzón y zapatillas por un chándal y una playeras junto al coche. Según costumbre, se va a la terraza frente al lago, separado de la pista por la calle donde suelen aparcar los deportistas y que va al viejo molino. Sentado a una mesa, se zampa un pepito de ternera y un botellín de agua mientras lee un libro.

Una joven que por allí pasea, lo ve, titubea, parece que no se decide. Por fin,  da media vuelta y va hacia él.

- Buenos días, yo le conozco. No sé de dónde, pero le conozco. Perdone, pero me ha llamado la atención el libro. Yo también lo estoy leyendo. Soy Susana.

La mano tendida de la rubia y esbelta muchacha, esperaba la correspondencia con una sonrisa reflejada en el rostro. Él, pillado de improviso, tuvo un momento en que su mente en blanco no acertaba comprender la situación. Por fin, la luz iluminó aquellas simples palabras, y reaccionó con un pensamiento casi lógico; Bueno, por algo hay que comenzar para iniciar una conversación, aunque me intriga tan ridícula disculpa de acercamiento. Más, si es una triquiñuela, pronto lo sabré.

Quizá ella ya había pensado lo mismo que él, o tal vez la comunión entre ambos fue tan fuerte, tan inmediata, que para aseverar lo dicho, le preguntó por dónde iba leyendo. Cuando Arcadio se lo dijo, compartieron las incidencias más notorias y dignas de mención hasta aquel punto por donde leía.

Eliminada aquella sombra de duda, resultó que eran vecinos. Hablando, hablando, la chica ya se había sentado y tomaban unas consumiciones.
Susana vivía con su padre viudo, en el piso sobre el establecimiento de antigüedades que regentaba frente al Hospital de la Cruz Roja. Arcadio vivía ahora al final de la calle, en la Plazuela de San Miguel, donde tenía un ático sobre una entidad bancaria. Pero sus padres, aún residían en la misma calle, y casi enfrente de ella.

- Entonces... ¿Tú eres Jesús?

- Sí, Jesús Arcadio. Casi todos me llaman Arcadio, menos mi madre.

A Susana se le subieron los colores.

- Hace veinte años que no nos vemos. Te recuerdo del verano en que me diste clases particulares.

Y Arcadio cayó en la cuenta de inmediato. Por entonces él tenía dieciocho y ella doce. Fue la única vez que dio clases a media docena de chiquillos, más o menos de la misma edad, para sacarse una pesetillas. Aquella imagen de la niña había permanecido durante mucho tiempo en su mente: Los pantaloncitos floreados, la camiseta sin manga que cubría aquellos senos incipientes. La rubia melena suelta, la cara de ángel y sus ojos de un azul tan claro que parecían de bebé. ¡Cómo no recordar, la situación que un día vivieron!

-¡No me digas lo que estás pensando, que ya lo sé!

Y su cara se arreboló aún más.

- Saliste corriendo al baño. Tardabas mucho y fui a preguntar si te pasaba algo.

- Yo te contesté que sangraba.

- ¿Por la nariz?

- ¡No! Por ahí. Te dije.

- Y yo comprendí, que de repente habías dejado de ser niña. Entré. Estabas sentada en el inodoro, lívida por la vergüenza. El pantalón en el suelo, escondiendo tus manchadas bragas entre los muslos.

- Abriste, sin mirarme siquiera, del armarito me acercaste una compresa de las de tu madre, y saliste. Volviste a poco, de alguna manera tenía que sujetar aquello, con una braga que me quedaba muy grande, pero que cumplió su cometido.

- Luego, te mandé para casa. Tu madre siempre agradeció lo que te enseñe, pero sobre todo, el tacto con que manejé aquella situación pese a ser casi un imberbe.

- Yo ya estaba sobre aviso. Mi madre me había dicho: Susi, vas a notar cambios en tu cuerpo. No te asustes si te pasa esto y aquello. Dejarás de ser niña, serás una adolescente, y a la vez que madura ese cuerpo, madurará tu mente. Cuando eso haya ocurrido, estarás en condiciones de ser madre. ¿Sabes que estaba enamorada de ti?

 - ¿Y tú, sabes que me gustabas en demasía? Aquél año me fui para Oviedo a estudiar, estuve en casa de mi tía Petra. Solo volvía en las vacaciones, pero a pesar de vivir casi frente por frente, no te volví a ver. Ahora vivo solo. ¿Y tú?

- Esperando mi príncipe azul. Algunos ha habido, pero nada ha cuajado. Tal vez tu recuerdo me lo impedía.

- Pues hagamos como si el tiempo no hubiera transcurrido. Vivamos la aventura que debimos haber vivido y que el azar nos robó. ¿SÍ?

- ¡Sí, vivámosla!



2 comentarios:

Elda dijo...

Que bonita historia Alfredo, me ha encantado. Un cuento de lo más romántico pero que perfectamente podía ser real.
Me ha gustado mucho el detalle de cuando ella tiene por primera vez la menstruación. Encantador, y encantadora la sutileza que tienes para contarlo.
Y desde luego es cierto, el amor no se busca, se encuentra.
He disfrutado leyéndolo.
Un abrazo.

Alfredo dijo...

Elda.
Elda querida, tú siempre tan romántica. Gracias.
Lo cierto es que el cuento iba por otros derroteros; Susana iba en pos del dinero, pero siempre digo, que yo solamente hago un esbozo del cuento, luego son los protagonistas los que toman su camino.
Pensé que me metía en un berenjenal con lo del periodo, pero si te ha gustado, supongo que no está mal del todo.
Muchas gracias por tan cariñoso comentario.
Salu2.