jueves, 27 de abril de 2017

Día de romería.



Se celebra la romería de los Santos Mártires en un pueblo de montaña. Son tan empinados los montes y prados, y la senda tan resbaladiza por la lluvia caída en días anteriores, que se casi se necesita  bastón para afianzarse. Dicen, que para el año que viene estará ensanchado y asfaltado el camino, veremos si esta vez es cierto.

Arriba, en la ermita, apenas un pequeño llano cerrado por un corro de piedras, hace de mirador rodeándola. La mayor parte está ocupado por los madrugadores romeros, que siguen la misa escuchando el oficio por los altavoces. Los que llegaron primero están dentro, y tanto unos como otros, por fuerza tendrán que seguir la procesión. Aquí no hay espectadores, es tan reducido el espacio, que solo estando todos en movimiento se pueden dar las tradicionales siete vueltas al santuario.

Por mucho que los pueblos se empeñen en sus diferencias, siempre aparecen nexos de unión entre ellos. Comparo estas siete vueltas, con las de los peregrinos a la Meca. También ellos dan siete vueltas en torno a la Kaaba y besan la Piedra Negra. Quizá sea una reminiscencia de la tradición judía en las bodas. La novia ha de dar siete vueltas acompañada por sus padres y abuelos, alrededor del novio. Aquí, tal vez por el reducido espacio, están obligados en cierto modo a hacerlo, o posiblemente sea, que el rito fue traído de allá. No se puede obviar que Cosme y Damián eran de Egea y estudiaron medicina en Siria.

Adentro, una nave central y dos capillas laterales. Un cálculo generoso podría estimar la superficie en poco más de cien metros cuadrados. Afuera, un pórtico sostenido por columnas rodea los lados norte, sur y oeste quedando solamente el ábside desprotegido de techumbre. Antiguamente, las columnas estaban enlazadas por una gruesa cadena de hierro, con objeto de definir claramente el acogimiento a sagrado.

Como quiera que yo era profano en la materia, y muy importón, comencé a preguntar. Una señora mayor y dicharachera a la que estaba pegado -no cabía ni un alfiler-  sufrió mi incesante interrogatorio.

- ¿Y cómo les dio por hacer esta iglesia en semejante vericueto?

- Cosas de antaño, hijo, ¡quién sabe ya el motivo! Al parecer fue el rey Favila el que dio permiso para la construcción de la ermita. Se cuenta, aunque una leyenda similar ya la he oído de la Virgen de El Carbayu, que cuando la estaban haciendo más arriba, en aquel monte, las piedras aparecían aquí una y otra vez, así, que acabaron construyendo en este lugar. Desde luego el paisaje es maravilloso. ¿No le parece?

- Sí, verdaderamente. Dicen que los santos eran hermanos.

- Sí, los trajeron, bueno, sus reliquias, en el Arca Santa desde oriente, donde un emperador romano les cortó la cabeza. Se dedicaban a la medicina y murieron por su fe. Les hicieron santos por sus curas milagrosas.

- ¿Entonces, ese candelero donde se queman las velas, son la ofrenda de los enfermos?

- Eso es. Cada cual hace su promesa para librarse del mal que lo aqueja, luego, conseguida la curación, cumplen trayendo su exvoto. Antes, unos piernas, otros manos, muletas, hasta figurillas enteras de niños traían, aunque eso ya casi no se hace, no había sitio donde guardarlos, ahora solo velas. También damos las siete vueltas al recinto.

- Siete, el número mágico.

- Bueno, no sé si es mágico, yo por costumbre suelo jugar a la lotería un número que acabe en siete. Unas veces toca y otras no. El reintegro ¡eh! que el gordo nunca me ha tocado.

- Cuénteme lo de las cadenas que había antes. Aún se notan las marcas.

- Está hablando de antes, antes, antes. Cuando los malhechores, huyendo de la justicia, se ponían a salvo dentro de la iglesia.

- Ya. No me parece que hubiera tanta gente por las aldeas cercanas. Antes, antes, antes, como usted dice... seguro que aquí no llegaba la justicia. Además, la iglesia estaría cerrada, y posiblemente, no había ni cura.

- La justicia siempre llega a todas partes, y los perseguidos no tenían por qué entrar dentro, con pasar las cadenas, ya era lugar sagrado, lugar de acogida. Mire, ya acabó la misa y van a sacar las tallas para dar las vueltas. Acaba con el besapié. 

- No me dijo el motivo de las siete vueltas.

- Hay, hijo, eso no lo sé, será para que protejan todo alrededor. Tampoco usted me dijo por qué el siete es mágico.

- Es largo de contar, a ver si me da tiempo antes de que se organicen. Verá: 
El tres es un número sagrado, significa perfección, del latín perfectio; per equivale a completo, facere, es sinónimo de hacer, y ción indica acción o efecto. Para los cristianos no hay nada tan completo como Dios, tan perfecto, que en siete días hizo cielo y tierra, por eso es un número sagrado. 
Cuatro son los elementos básicos de la tierra conocidos en la antigüedad; agua, tierra, fuego y aire, y cuatro son los puntos cardinales; norte, sur, este y oeste. Si unimos lo sagrado con lo terreno; 3+4= 7, estamos uniendo el cielo y la tierra. Por eso se dice que es un número mágico. 
Y dicho sea de paso, el siete es un número mencionado a menudo en la Biblia: En el sueño del faraón, que José hijo de Jacob interpreta, hay siete vacas gordas que son devoradas por siete vacas flacas. Siete años de abundancia y siete de escasez. La hambruna acaba con la prosperidad. 
La muralla de Jericó, cayó tras dar los israelitas siete vueltas a la ciudad tocando sus trompetas. Así se podría enumerar una larga lista, aunque a mi me gusta aquello de: Perdonarás a tu hermano setenta veces siete. ¡Conforme?

- ¡Sí hijo, sí! Lo he entendido, y mira por donde, ahora me ha venido a la cabeza que; siete son los pecados capitales, y otras tantas las virtudes cardinales.  Ya vienen, un gusto hablar contigo, si luego bajas a la romería, te invitamos a comer, somos veintidós. Soy María y esta mi hermana Juana.

Gracias María. Soy Samuel. Allí nos vemos.


5 comentarios:

Elda dijo...

Que fantástico cuento, me ha encantado, aunque no sé si será un cuento o será cierto que bien podía ser.
Me ha recordado las ermitas que hay por tantos sitios y si alguna vez me he fijado, es cierto que están en lo más alto del pueblo.
Me ha gustado mucho todo lo que has escrito de los números, y pensándolo bien, la verdad es que el siete tiene que ser a la fuerza mágico. Se me ha ocurrido otro: siete son las maravillas del mundo ¿no?, aunque eso sería antiguamente,y ya no me acuerdo cuales son, seguro que ahora hay más...
Al final el protagonista con tanta pregunta, no dejó oír misa a la señora, jajaja

Cuanto escribes Alfredo, no me da tiempo a leer todo, creo que me he saltado alguna historieta, jajaja.
Un abrazo.

Sneyder C. dijo...

Alfredo. Me ha encantado tu relato, una bella historia -realidad o ficción- muy interesante y amena, sobre todo lo concerniente a los números, hay tantas cosas que giran en torno al siete.
Siete días después que Noé entrara en el arca, vino el diluvio.
El arca descansó el séptimo mes sobre las montañas del monte Ararat. Siete brazos tenía el candelabro del templo de Jerusalén. A Salomón le tomó siete años construir el templo de Dios.
Muy amena la charla con la señora, solo que la pobre cuándo quiso darse cuenta de la misa…había terminado.

Un cálido abrazo

Alfredo dijo...

Elda y Esneyder.
El cuento está hecho de retales, me explico: Los mártires San Cosme y San Damián, se veneran en el santuario de Valdecuna, en la parroquia de Mieres del Camino. Muy cerca de donde yo nací y que conozco bien. Víctor Manuel escribió una canción que se hizo muy popular; La romería.
La fotografía pertenece a la iglesia de Arenas de Cabrales, bastante lejos por cierto, pero no encontré las fotos del lugar, y supongo que me desaparecieron, al igual que otras muchas, cuando me repararon una avería del ordenador.
El cuento, cuento es... y con algo lo tenía que rellenar. De ahí la invención de las siete vueltas, la comparación con actos similares, y por ende la explicación sobre el número mágico. Podía haber descrito la romería y el santuario, tal y como yo lo conocí de niño, pero entonces... ¿dónde estaba el cuento?
Elda, he acabado el trabajo que me había impuesto (esparcir cuatro camiones de tierra vegetal por el prado) y me queda tiempo. Yo suelo escribir por la tarde de seis a nueve, y algunos sábados por la mañana. A veces, me avergüenza un poco lo que escribo y trato de "taparlo" publicando nuevamente.
Sneyder, ¿qué será, que nadie se acuerda de los siete enanitos de Blancanieves?
Tampoco la señora se perdió mucho, seguro que ya había ido a la novena la semana anterior.
Muchas gracias a las dos por los agudos y cariñosos comentarios.
Salu2.

Pilar Cárdenes dijo...

Pues no sabía yo que el 3 era un número sagrado.
Lo bueno de los relatos es que uno se inventa lo que quiera, sin necesidad de ajustarse a lo que de verdad sucedió, sucede, o sucederá.
Un saludo, Alfredo.

Alfredo dijo...

Pilar Cárdenes.
Hola Pilar.
El significado de sagrado según el D.R.A.E. es entre otras:
1. adj. Digno de veneración por su carácter divino o por estar relacionado con la divinidad.

Si nos atenemos a esto, hay que reconocer que el tres posee esa relación:
La religión católica en un Dogma de fe, afirma que hay tres personas distintas, Padre, Hijo, y Espíritu Santo, en un solo Dios verdadero. El Hijo, Jesucristo, Dios y hombre, fue crucificado en el Gólgota con los dos ladrones; tres cruces y tres clavos. Murió a las tres de la tarde, resucitando al tercer día. Recién nacido, tres Reyes Magos lo adoraron, portando tres presentes; oro, incienso y mirra; significación de; Dios, Rey, Hombre.

Pasemos de largo por otras religiones que en el número tres se establece esa relación. Vayamos a lo terreno. Dicen que el milagro de la vida, comenzó en el agua, H2O. Dos partículas de hidrógeno y una de oxígeno. Una vida en que el hombre sería el rey del universo. Hombre; Cuerpo, Alma, Espíritu.

El tres contiene en sí al principio; el 1, al medio; el 2, y al fin; el 3, que decía Aristóteles. Y para Platón, el tres era la imagen del Ser Supremo en sus tres personalidades: la Material, la Espiritual y la Intelectual.

En fin, que el tres tanto en lo divino como en lo humano, es un número sagrado, o por lo menos muy interesante.
Gracias por el comentario.
Salu2.