domingo, 23 de abril de 2017

El estranbótico.


Desde pequeño lo llamaban el estrambótico, aunque él lo que tenía era estrabismo; el ojo derecho miraba para occidente. Ya se sabe cómo es la gente de pueblo; guasona hasta para el mal ajeno. Como quiera que los padres, no sabían que aquello se podía corregir, dejaron el tiempo correr y así se quedó el crío. De mayor era buen mozo y cabal donde los hubiera, pero a la gente les da reparo el que no mira de frente. Lo cierto es que él lo hacía con un ojo de negra pupila, y lo blanco del otro, la  esclerótica, vamos.

Sucedió que la vecina, joven, agraciada, aunque un poco burra pero casada, tuvo un niño. No se sabe si salió gritón sin más, o simplemente que siempre tenía hambre. Dos días pasaron, los berridos del recién nacido iban a menos y también de fuerza andaba un tanto laxo. No era de extrañar, la madre de nombre Paula, que la llevaron desde la huerta donde sacaba patatas, a la casa de socorro de la ciudad por un dolor en la espalda, les parió el crío a la puerta. Todos pensaban que era ciática, pues apenas se le notaba la barriga. Lo cierto es que ella no tenía ni idea, ni le importaba el motivo por el que le había faltado la regla. Cosas de mujeres según había oído. Mucho menos sabía, de los síntomas; nunca había ido al médico. ¡Parece mentira siendo de pueblo! Digo que no era de extrañar, pues al fin la madre, más tonta que la hija, que no le había explicado de la misa a la media, se dio cuenta de que su hija no tenía leche.

Paula, temiendo ser el hazmerreir nuevamente, como ocurriera con el parto, dijo, que cuando estaba dando de mamar, el estrambótico se asomó a una ventana y la vio la teta. Esa impresión era la causa por la que perdió la leche. Ya se sabe, un tipo así, puede causar mal de ojo.

Palomo, que así se llamaba el mozo, cargó con el sambenito, hasta que la vieja María, la más lista de la aldea, propuso el remedio; El bizcocho, debía de tocar las tetas de Paula. Así le vendría de nuevo la leche y se eliminaría el mal de ojo causado sin querer. El único que no estaba de acuerdo con la solución, era Marcial, padre de la criatura y esposo de Paula. ¡Que la tome de vaca o cabra, pero las tetas a mi mujer solo se las toco yo! Por fin consiguieron convencerle; el bien de la criatura ante todo. Nada mejor que la leche materna para la crianza del vástago.  

En la habitación, estaban la madre, la hija, María y Palomo, apodado el estrambótico o más cariñosamente el bizcocho. Calentó sus manos el mozo metiéndolas en los sobacos y entre sus muslos, no fuera que el frío resultara perjudicial, y cuando lo estimó, Paula echó los senos fuera. A pesar de la concurrencia, un tanto sonrojada, a ella se le inflaron los pezones aun antes de que él la tocara. A él... los pezones no.

Luego, las malas lenguas, la de María la vieja con otras viejas (que hubieran dado mucho por tener cincuenta años menos) y la de Paula con sus amigas, corrieron la voz entre las féminas; al torete con pinta de semental, se le había puesto un encomiable bulto, y no en la garganta precisamente.

Por raro que parezca, el mismo día Paula amamantó a su hijo, que si no dejó de berrear, al menos lo hacía solo para reclamar la pitanza. En los días que siguieron, al bizcocho, que estaba para mojar, le salieron mozas por doquier; Ya no importaba el mal de ojo. El parche que se puso a lo Moshé Dayán, le daba un aire de pirata... ¡que no veas!


4 comentarios:

Elda dijo...

Jajaja, muy gracioso el cuento Alfredo. Un buen remedio para el pobre bizco; hay que ver las malas lenguas en los pueblos, aunque en esta ocasión salió todo a pedir de boca, el bebe consiguió la leche materna y el mozo con su parche, la admiración de las mozas...
Me ha gustado tu escrito, me ha resultado muy simpático.
Un abrazo y buena semana.

Mara dijo...


¡Qué suerte la del bizco! Seguro que nunca imaginó que su ojo malo, podía echar y quitar a la vez el mal de ojo. Je, je, je, muy divertido. Un saludo.

Alfredo dijo...

Elda.
¿En los pueblos solo?
Nadie quería toparse con el pobre, y mira por donde...
Salu2.

Alfredo dijo...

Mara.
Hay quienes dicen que así se quita el mal de ojo. Lo cierto es, que solamente tocó con el dorso de la mano, con tanto mirón no podía hacer otra cosa.
Salu2.