miércoles, 19 de abril de 2017

Los mellizos.


Teo y Jacinto se conocían desde la infancia. Estudiaron la misma carrera,  y trabajaron los dos en la misma empresa, hasta que se independizaron y montaron su propio negocio. Se casaron, primero Teo, que al año justo tuvo con Encarna un par de mellizos. Seis meses después lo hizo Jacinto con Isabel y tuvieron una niña.

Los mellizos, a pesar de que sus padres, entendiendo que aunque casi iguales en talla peso y parecido físico, no lo eran, hacían hincapié en un trato diferenciado, corrigiendo al primogénito, nacido seis minutos y medio primero, la supremacía innata que a toda costa trataba de imponer al "pequeño".

Al mayor le pusieron de nombre Abelardo, y al segundo Ignacio. Las peleas entre ellos duraron hasta los cinco o seis años, a pesar de que Ignacio casi siempre acababa acatando la voluntad de Abelardo. A partir de esa edad, el comportamiento de ambos varió. Era como si uno y otro, se diesen cuenta de que por aquel camino no iban a llegar a ninguna parte. Allí estaban sus padres para recordárselo.

Sin embargo, tanto la malicia del uno, como la contumacia del otro, permanecían soterradas. Soterradas pero vivas. Es cierto que parecían quererse, ¡sin duda! Que se necesitaban el uno al otro, ¡también! Que a todo el mundo engañaban, ¡pues sí! Que se tenían celos, ¡faltaría más!

Hasta los quince años funcionaron bastante bien, tal vez el acierto de sus padres al vestirlos de distinta forma, que en la guardería y la primaria estuvieran en distintas clases, contribuyó a ello. Pero a esa edad comienza a salir el vello, se fijan en las chicas... y ya está liada. Los dos se decantan por alguien a quien conocen desde que nació; Isabela, la hija de Jacinto e Isabel.

Ambos tratan de convertir la amistad que les une a Isabela en algo más. ¿Aflora de nuevo la rivalidad? ¡Naturalmente! ¿Lo hace el mayor por chinchar al pequeño? ¡No! En este caso la "culpable" es ella. Simpatía, bonita cara, exuberantes trenzas, figura que se va formando cual Afrodita... y una zalamería que no es sino muestra de cariño fraternal. Pero de ahí a otra cosa...

De cualquier forma, ambos están dispuestos a conquistarla. Ella podía haber mandado a paseo a los dos y elegir un tercero, pues en la lucha por la supremacía, quedaba un tanto relegada. Eran más las disputas entre ellos que la atención que realmente la prestaban.

Aquello era tal cual la naturaleza nos tiene acostumbrados; los machos se pelean para conseguir a la hembra, mientras ella estoicamente observa. Al final, ya se sabe, el macho dominante cree haber vencido, sin darse cuenta, de que casi siempre es la hembra la que elige. Lo normal, y siguiendo esa pauta, es que el dominante se quede con la chica, pero los humanos, animales racionales, irracionales  a veces, somos distintos a otras especies. Si en ellos el instinto de la conservación y continuación de esa especie, es prioritario, el humano tiende a inclinarse hacia el débil; "la desdicha de los demás despierta en el espectador sentimientos compasivos y hace latir su corazón con desdichas extrañas" que decía Kant.

Pensemos en una de esas pelis americanas: Chico, quaterbak del equipo de fútbol, guaperas y engreído, cree tener doblada a la guapa y esbelta jefa de animadoras. Al final, el idilio entre ellos siempre acaba mal, todo por culpa del timorato de turno, que prendado de la chica, harto de mofas y golpes, se viene arriba.

Hecha la elección, Abelardo no se resigna, y, creyendo que el parecido con su hermano le puede resolver la papeleta, ha decidido aprovechar cualquier ocasión para forzar a Isabela. Ha trazado un plan; se cambiará el peinado, vestirá las ropas de Ignacio, y cuando este la deje en casa a la noche, llamará a su puerta. Ella pensará que su novio ha olvidado algo, saldrá al porche y allí, sin tiempo para dejarla reaccionar, la tomará en sus brazos y...

Más el inmaduro muchacho, reconcomido por dentro por los celos y el deseo, al ver los tiernos besos de los enamorados, duda. La ira lo tiene congestionado, puños y dientes apretados, dispuesto a salir de las sombras desde donde los espía, y saltar sobre los dos con ganas de hacer daño, o dar media vuelta y tirarse de cabeza al barranco de la cantera.

- Oye Nacho, Abelardo me tiene muy preocupada. Ya no es el de antes, está mohíno, desdejado... Tal vez deberíamos hacer un paréntesis en lo nuestro hasta ver si cambia de actitud.
- ¿De veras crees, que tú eres como aquellos juguetes que me quitaba de pequeños? ¿Piensas, que si lo dejamos, perderá el interés por ti, al igual que lo hacía entonces?
- Es posible. ¡Más quisiera yo ser un mero capricho! Hagamos la prueba. ¡Por favor!
- No me gusta. De ser cierto, ha de madurar, y si no lo es... los tres vamos a perder.

Y Abelardo entonces, saliendo de su escondite...

- Muy a punto pasaba por aquí. Perdonad si escuche lo que no debía. Para vuestra información os diré, que ya basta de bromas y enredos. Isabela, no eres mi capricho, estás muy buena, pero no eres mi tipo, yo solamente lo hacía como siempre; por joder. Hermano, perdona, no creí que ibais tan en serio.

¿Quién sabe dónde está la verdad?

Decir de lo que es que no es, o de lo que no es que es, es lo falso; decir de lo que es que es, y de lo que no es que no es, es lo verdadero

Aristóteles.

8 comentarios:

Pilar Cárdenes dijo...

La relación entre gemelos siempre es especial y normalmente hay uno que tiene la personalidad más acentuada. te lo digo por lo cerca que tengo algun@s. Estos, como casi todos, pese a ser físicamente iguales y con muchas coas en común, cuando aparece la chica... ¡Amigo, aquí ya entramos en terreno farragoso!.
Ha sido un placer leerte y muy acertado ese cierre con la cita de Aristóteles.
Saludos, Alfredo

Liliana dijo...

Pues...no me suena lógico que saliera con eso....pero ya sabemos que en cuestiones del corazón, la lógica no funciona, no?

Por aquí andaré Alfredo :D

Saludos =)))

Elda dijo...

Eso es bien cierto ¿quién sabe donde está la verdad?, no me parece a mi que Abelardo se quedara tranquilo aun habiéndose explicado de tal forma.Buena cita la de Aristóteles, tan liosa que la he tenido que leer tres veces y despacio, jajaja, aunque la entendí desde el principio, por el final que le has dado al cuento.
Un placer leer tus geniales inspiraciones Alfredo.
Un abrazo.

Manuel dijo...

Estoy igual que Elda, que el final del cuento lo he tenido que leer tres veces, porque no lo comprendía, hasta que lo entendí, y quedé un poco sorprendido porque no esperaba esa reacción, tan sensata y lógica.
Un placer leerte, amigo.
Un abrazo.

Alfredo dijo...

Pilar Cárdenes.
Según tengo entendido, los mellizos son más problemáticos que los gemelos, es más, puede que ni se parezcan en lo físico. Creo que en la mayoría de las ocasiones suelen ser niña, niño. De cualquier forma, entre hermanos, sean gemelos, mellizos, o no, siempre hay algún pique.
La cuestión es, hasta dónde puede llegar la renuncia, a algo que se desea fervientemente, y que tu hermano también quiere. ¿Cual es de los dos más generoso, el que miente, si lo hace, o el que no da un paso atrás a sabiendas de que miente? Por otra parte; no tiene objeto dar un paso atrás, creyendo que dice la verdad.
Yo creo que en este caso no sirve la cita de Aristóteles. No se puede decir que lo que es, es verdad, porque eso solo lo sabe uno de ellos; Abelardo.
¿O, no?
Gracias por el comentario, Pilar.
Salu2.


Alfredo dijo...

Liliana.
A pesar de lo abusón que hasta la fecha pudo ser Abelardo para con Nacho, renuncia porque le quiere, porque es su hermano, y por un hermano se da lo que sea. Eso en el supuesto de que Abelardo esté mintiendo. Si dice la verdad, entonces es un cabrito por haber estado jo.... la marrana.
Muchas gracias Liliana.
Salu2

Alfredo dijo...

Elda.
Yo también pienso que Abelardo iba en serio, pero sabe renunciar, cosa difícil dados sus antecedentes. Por ello, si así fuera, es más de agradecer.
Respecto de Aristóteles, como le digo a Pilar, creo que para esto del amor no sirve. Si al cristal lo llamas plomo, una de dos, o dices mentira, o no sabes lo que es el cristal ni el plomo. Es decir, la cita a mi modo de ver sirve para cosas tangibles, que se pueden tocar, vamos, pero no para las intangibles como el amor que es sensorial, emotivo, pasional, familiar, platónico...
Gracias por estar ahí Elda.
Salu2.

Alfredo dijo...

Manuel.
Ese final es como dices el que parece más lógico. Podían haber sucedido otras cosas, pero son hermanos.
En cuanto a Aristóteles, yo también lo leí dos veces. La segunda despacito, despacito, que si corres no te enteras.
Gracias Manuel.
Salu2.