martes, 30 de mayo de 2017

Matar es fácil: El Taxista.


Hay veces en que los justos pagan por pecadores. Cierto es que yo no soy ningún santo, y tampoco justo. Soy un simple pecador que en este asunto que voy a relatar, ni pincha ni corta, aunque a decir verdad, pinchar pinché sin esperar tal resultado.

Cuatro veces me atracaron en cuestión de dos años, cosa no muy rara que ya ha sucedido a casi todos mis colegas, pero no en tan corto espacio de tiempo ni con tanta asiduidad. Será la crisis.
La primera vez, cogí un pasajero trajeado y que me pidió lo llevara al centro, una vez finalizada la carrera, y cuando le decía el importe, me puso una pistola en el cuello y me pidió recaudación, reloj, teléfono y cartera. Desapareció en medio del gentío mientras me quedaba con cara de lelo tratando de adivinar por donde había huido.
La segunda, otro tanto de lo mismo; una pareja sube al taxi, no me infunden sospechas, parecen normales y tampoco les voy a someter al detector de mentiras para saber sus intenciones. ¡Estaríamos arreglados! Hay que confiar en el instinto de más de veinte años dedicado al oficio. Sin embargo, apenas hemos rodado trescientos metros cuando el punto me coloca una navaja en el cuello ¡coño con la manía! me pide que aparque y que vaya soltando la pasta. Ciento ochenta pavos que se van y nueva denuncia a la policía. 
Otros dos robos de similares características, me llevaron a tomar una decisión: comprar una defensa eléctrica.
Lo comenté con los compañeros de la parada, fueron mayoría los que opinaban que era mejor no arriesgar el pellejo, por lo que pudiera suceder, y porque estaban prohibidas. Pero yo necesitaba algo que me diera confianza, algo que me hiciera sentirme seguro y alejara mi miedo. A veces aceleraba nada más ver el pelaje de alguien que no me gustaba,  haciendo bueno aquel ingrato refrán: Según te veo trapo, así te trato

Como todos los viernes, llevé a una clienta habitual al centro comercial. Hacía el mandado que le llevaban a casa, a no ser algún trapito que acarreaba ella misma, mientras yo esperaba sobre una hora. Aquel día hacía bastante calor. El sol brillaba en lo alto y el aparcamiento sin cubierta de ninguna clase era un achicharradero. Abrí las dos ventanillas delanteras para que corriera el aire, encendí la radio y apoyando mi brazo en la ventanilla y la cara en la palma de la mano, me dispuse a echar una cabezada.
Una sensación de ahogo me sacó de aquel sopor, abrí los ojos asustado pero sin moverme demasiado. Su mano izquierda, haciendo tenaza en la tráquea, me lo impedía.

- ¡Dame los cuartos, cabrón! Me dijo una voz aguardentosa.

Y yo traté de voltear la cabeza hacia el lugar de donde provenía. El sol me daba en los ojos, pillado a contraluz el tipo me pareció un piojoso; largas y sucias greñas, poblada barba que no disimulaba una cara flaca, de boca como túnel por la ausencia de dientes, y ojos grandes que se me antojaron malignos.

- Tengo el dinero en el compartimento del apoyabrazos central, afloja un poco para que pueda girarme. No quiero líos. Le dije mientras pensaba qué sería lo que escondía en la otra mano metida entre la camisa y una cazadora verde y mugrienta. Aflojó un poco confiado en que yo había reparado en el bulto. Me giré, a tientas palpé dentro del cajoncillo, mi cuerpo ocultaba mi mano. Así las cachas de madera de una punzante navaja de muelles, y en un rápido movimiento, se la clavé con fuerza donde pude. Entonces sacó la mano escondida para llevársela a la herida. Solamente estaba vendada, no había arma. Denotaron sorpresa sus ojos mientras doblado caía al suelo, muerto.
Los que salían o entraban al centro comercial, se quedaron parados viendo la escena y pronto se formó un corro. Algunos usaban sus teléfonos, vino la policía y una ambulancia mientras yo permanecía en el coche. Ni la puerta podía abrir por culpa del cuerpo, ni hice ademán de salir de él.

Ha pasado una semana. Para complicar aún más las cosas, mi ex mujer ha metido los perros en danza. Tratando de sacar tajada (ya se había quedado con el piso que comprara de soltero) me acusa no solo del crimen, también de violencia de género. Se ha inventado una patraña que de momento me tiene en la cárcel. Al parecer, aquel drogadicto era su hermano,  yo solamente lo había visto el día de la boda, hacía ya quince años. Él, eso fue lo que dijo, solamente me iba a reclamar las pensiones compensatorias y alimenticia de nuestro hijo que le tenía atrasadas.  
A pesar de estar al pié del cañón doce horas, no las puedo pagar, vivo en una casucha alquilada en el extrarradio, como y visto malamente. Ya sé que ella no es culpable de mis escasos recursos, pero yo tampoco.

No sé en qué acabará esto, no tiene buena pinta. Nada tengo con que defenderme. ¿Cómo demostrar que todo fue una casualidad? Qué él vino a atracarme sin saber quién era yo, ni yo quién era él, y que actué en defensa no solo propia, también en la de ella y en la de nuestro hijo. Si no gano dinero, o lo que gano me lo llevan, ninguno podremos salir de esta.

Hay veces en que los problemas parecen venir de la mano, aparecido uno, los otros le siguen. Sin embargo la luz aparece siempre al final del túnel. Amparo, mi fiel y generosa clienta, "mi amparo" pagó la fianza impuesta. Le pregunté porqué lo hacía, me contestó: Soy viuda, asquerosamente rica, estoy de buen ver, somos más o menos de la misma edad, y me gustas. ¿Acaso crees que si no fuera así, te tendría de plantón todos los viernes? Pero tú nada me dices. Siempre creí que los taxistas erais más habladores, más... lanzados.
También mi adolescente hijo habló seriamente con su madre. Le echó en cara su actitud, y ella retiró la denuncia. Más le valió, la policía no es tonta y ya suponía por donde iban los tiros.

Todo se ha solucionado, Amparo y yo nos tratamos de otra forma ahora. Me ha ofrecido trabajo en un concesionario de automóviles de su propiedad, pero me da reparo. No sé, no estoy a su altura y eso me cohíbe. Ya veremos.

Nadie parece pensar ya en el muerto. Solo yo que he de soportar sobre mi conciencia lo que le hice a aquel miserable, y sin duda su madre. Aunque ya lo hubiera perdido mucho tiempo atrás.


12 comentarios:

Alfred dijo...

Tremenda historia, tocando todas las teclas.
Un saludo.

Elda dijo...

Que bonito cuento Alfredo, tiene todos los ingredientes para tener varias sensaciones en la lectura; molestia por los robos, tristeza por lo que le sucede y que siempre lo recordará, y alegría por el final feliz con la clienta de los viernes, que parece le arregló la vida.
Me ha gustado mucho leerlo.
Un abrazo.

Marcos dijo...

Desde luego le vinieron todos los problemas juntos, y se merecía le dieras un final feliz,
Tengo un sobrino taxista, y la verdad se la juegan cada dia, y aun mucho mas por la noche. pero salen para que les paren, que poco pueden hacer.

Liliana dijo...

Lo he leído completito, eh?? jejeje
Muy requetebueno Alfredo, me ha gustado mucho, lo mejor es el final feliz, bien!

Saludos =)))

Alfredo dijo...

Alfred.
Estimado tocayo, gracias por pasarte y comentar.
Salu2.

Alfredo dijo...

Elda.
Me alegra que te haya gustado. No estaba yo muy seguro de haber tratado el tema con la delicadeza necesaria.
Gracias Elda.
Salu2.

Alfredo dijo...

Marcos.
Verdaderamente es un problema, y todo seguramente por cuatro perras.
Muchas gracias por pasarte Marcos.
Salu2.

Alfredo dijo...

Liliana.
Liliana, aunque tu manejas muy bien el "breviario" y dices que no te va lo extenso, te voy a pedir un favor: Tengo un cuento muuuuuuy largo que ya he publicado. Una amiga de este blog, me hizo unas sugerencias sobre él tras una discusión muy provechosa. Ahora, posiblemente el domingo a la noche lo vuelva a publicar, me gustaría que lo leyeras.
Gracias por estar ahí.
Salu2.

Liliana dijo...

Alfredo, Alfredo.....no es que no me vaya lo extenso, eso lo dije porque estaba pasando por un momento en que no me podía concentrar para leer, pero en cambio llevaba 6 libros leídos en casi dos meses, ya llevo 7 por cierto....
No te preocupes, lo voy a leer!

=)))

Adriana Alba dijo...

Una maravilla!
Da gusto leer tus cuentos, llenos de emociones que atrapan y dan ganas de continuar...
Un abrazo estimado amigo.

Alfredo dijo...

Liliana.
Gracias Liliana, te lo pido porque al ser una reposición, y además demasiado larga para el blog, es muy posible que se pasen de largo. Merece la pena, al menos es lo que yo pienso, que no suelo ser muy complaciente.
Salu2.

Alfredo dijo...

Adriana Alba.
Muchas gracias Adriana por dedicarme unos minutos y por el elogio.
Como le digo a Elda, tenía mis dudas respecto de la ex. No está el horno para bollos con tanta violencia de género.
Salu2.