martes, 18 de julio de 2017

Guimar y Arán.









Castro de Coaña, el dibujo de la vista general del Castro, está tomado de la guía para visitantes.


Pravia, la antigua Flavium Avia, fue según Vespasiano la capital de los Pésicos. Un pueblo que habitaba desde el Cabo de Peñas en el norte, hasta las tierras leonesas de Laciana, Babia y Omaña en el sur. Por el este hasta los valles del río Nalón, y del río Narcea por el oeste.
Los Pésicos Astures, y sus vecinos los Cántabros, fueron los últimos en doblegarse ante el dominio de Roma en Hispania. Y para ello hubo de venir César Augusto a someterlos. Las guerras astur cántabras tuvieron lugar desde el año 29 a.C. hasta el 19 a.C.

En este contexto, que bien se pudiera parecer a las historietas del galo Asterix, doy comienzo a una leyenda nacida en esos tiempos del populi pésico, y que poco tiene que ver con el personaje citado.

Erase una vez, una linda pastora que se llamaba Guimar o Guimara. Guimar vivía con su familia asentada en uno de tantos castros esparcidos por el norte, no muy lejos de la mar. Pastoreaba y recolectaba, mientras la soldadesca romana vigilaba desde lo lejos los movimientos de sus habitantes no se fueran a desmandar. Un día en que la joven iba a por agua al río, cruzose con ella una apuesto soldado. Túnica blanca de lana y sin mangas, por armas, el scutum grabado con el escorpión de Tiberio, la. gladius hispaniesis (espada corta) y el pilium (Jabalina). Con toda seguridad, y por su forma de vestir era un pretoriano, soldado que acompañaba a personajes de alto rango y que eran escogidos en edades que oscilaban entre los quince y treinta y dos años. Se miraron, la chispa saltó convirtiéndose en un pequeño y pálido fuego fatuo, que pronto daría origen a una llama, y ésta a un fuego de pasión.

Tantas veces como podían se reunían en secreto, pues el padre de Guimar no quería mucho trato con los invasores, aunque este fuera hispano de Calagurris (Calahorra) Un día, el soldado Arán, que así se llamaba, obligado por su deber, tuvo que partir.  Cuanto más se alejaba, más echaba de menos a su adorada. Otro tanto le sucedía a ella, que veía pasar el tiempo, mientras la tripa le crecía. Esperó en vano la chica hasta que dio a luz, y cuando el niño ya estaba destetado, sin saber que su amado había desertado cuando aún le faltaban seis años de los dieciséis que firmara, y volvía a su encuentro, Guimar, henchido de dolor su corazón, desde una alta roca se lanzó a la mar. Enterado Arán de la desgraciada decisión, corrió al lugar y se lanzó para seguir su misma suerte y reunirse con ella en el más allá.

El padre de Guimar lloró desconsolado por la pérdida de ambos,  reconociendo el amor que se tenían. Dicen que allí mismo, en aquel lugar donde murieron, alzó al cielo la criatura y le puso por nombre Guimarán para perpetuar la memoria de los amantes

Hoy Guimarán es el topónimo del valle donde se supone estaba situado el castro, a la falda del monte Areo donde existe una necrópolis y unos dólmenes que están con nosotros desde el neolítico. Más no me deis mucho crédito, pues aunque nombre, valle y necrópolis son muy reales, esta leyenda ya la oí contar de otros lugares con otros nombres y similares circunstancias.




3 comentarios:

Elda dijo...

Que bonita y trágica leyenda, al leerla me ha recordado una que hay por la parte de Lucena, donde se ve un monte que tiene la cara de un moro, y también existe una leyenda sobre un amor, que termina más o menos de la misma forma.
Me ha gustado mucho leerla y ver las fotografías tan bonitas que has puesto.
Un abrazo Alfredo.

Liliana dijo...

Pues sea como sea, yo nunca la había escuchado y me ha gustado mucho, aunque trágica, gracias.

Un abrazo Alfredo =))))

Alfredo dijo...

Elda y Liliana.
A pesar de lo que digo en el último párrafo, la leyenda, como en otros casos, es solamente una simple recreación mía. No sé que exista tal leyenda.
A decir de Marino Busto García, cronista oficial de Carreño fallecido en 2005, la villa debió de tomar el nombre de Wimarano, que era hermano del rey Fruela I y vivió en este lugar. Al castellanizar ese nombre, la W gótica pasa a ser GU con el resultado de Guimarán.
Lo que yo hice fue descomponer en dos el nombre, de ahí salió el de la moza y el soldado. Posiblemente un final más amable hubiera sido bonito, pero un tanto improbable teniendo en cuenta que él era un desertor.
Salu2