jueves, 13 de julio de 2017

Matar es fácil: El Engaño.


Desperté sobresaltado, eran las dos y veinte de la mañana. Hubiera jurado que me llamó. Pregunte escuetamente: ¡Qué¡ ¡Me llamas! Insistí un par de veces sin obtener respuesta. La casa estaba totalmente en silencio, ni siquiera oía el tic tac del reloj de carillón de la planta baja. A oscuras, con esa penumbra difusa que proporciona la luz de la luna al colarse por las ranuras de las persianas. Las cortinas estaban abiertas de par en par. Ella duerme en la habitación del fondo para no molestar. Escribe para una serie truculenta de la televisión hasta bien entrada la madrugada, yo madrugo demasiado. Hoy, seguramente rendida por el sueño, o quizá falta de inspiración, se acostó primero.
No pude con la zozobra, me levanté. ¡Quizá me necesitaba!. Sin encender la luz recorrí el largo pasillo, descalzo, empujé la puerta. Las cortinas corridas, la persiana un par de cuartas levantada, la ventana entreabierta y ella bañada por los rayos del plenilunio de julio. Hacía calor. Por un instante pensé estar ante un cadáver,  pero tras aquella interrupción por la apnea, su respiración volvió a ser profunda y acompasada, borrándome al instante tan desagradable impresión. 
Posición decúbito supino, que diría el forense en un hipotético informe, una pierna un poco encogida y los brazos con las manos sobre el estómago. El corto camisón arrebujado sobre el vientre dejaba ver sus partes más íntimas.
Admiré aquella belleza de princesa de cuento, sin comprender como persona tan inteligente y tan hermosa puso casarse con un hombre tan zafio como yo. Pudo ser la estabilidad económica que mi posición le proporcionaba en aquellos primeros momentos, en los momentos en que pugnaba por abrirse paso en un mundo, el de las letras, no siempre fácil. Tal vez la había impresionado tan fuerte y musculosa figura, forjada desde la niñez a base del acarreo de las cajas de fruta en el mercado, o la habilidad no exenta de picardía con que logré hacerme con el negocio. Hoy, todos los almacenes y fruterías importantes de la ciudad, me pertenecían. Fuera por desparpajo, dinero o gallardía, allí estaba ella, y allí estaba yo, coladito como el primer día.
Al contemplarla, me enardeció la pasión. Por primera vez en aquellos cuatro años que llevábamos juntos, hice lo que nunca me había atrevido; acaricie con mi cara, con mis labios, aquel velludo pubis. Ella, tal vez en voluptuosas ensoñaciones, abrió sus piernas, ofreciéndose. Y tras unos momentos comenzó a gemir.

- ¡Ah, Pedro! ¡Así, Pedro, así!

Frené en seco, y con las tripas revueltas y el alma encogida, subí hasta la altura de su cara. Aquél parón inesperado, y la conciencia en el subconsciente de haber cometido un error de bulto, hizo que despertara de su sopor. Sus ojos, redondeados por la sorpresa, estupor y el miedo, decían bien a las claras que era culpable. Mis manos se cerraron en torno a su delicado cuello.

-  ¿Por quién clamas con tal vehemencia? Su callada fue la respuesta. Sentí un sordo crujido bajo mis dedos, un leve pataleo, y después nada. Entonces, desesperadamente asustado, comprendí lo que había sucedido; la fuerza incontrolada de mis manos había hundido sin querer su tráquea. 

- Está llamando al 112, ¿en qué podemos servirle?

- Soy el propietario de Frutas Paco, Francisco Ayala Prieto, vivo en el 136 de la Avenida de la República Argentina, quiero denunciar un deplorable accidente: Creo que mi mujer ha muerto.

7 comentarios:

Elda dijo...

Vaya, que buena escena!, pero me ha sabido a poco.
Me ha encantado, parecía el comienzo de una novela desde sus primeras palabras, trepidante. La verdad que le fue sencillo matar.
Un placer la lectura Alfredo.
Un abrazo.

Alfredo dijo...

Elda.
Quisiera creer que no lo hizo a propósito, que los celos le jugaron una mala pasada de la que se arrepentiría toda la vida. Pero no caben disculpas cuando hay una muerte de por medio.
Muchas gracias Elda.
Salu2.

Liliana dijo...

Vayaaaaaaaaaaaaaaaa! sin querer queriendo....!

Muy buena Alfredo, a mi también me ha sabido a poco. :D


Saludos =)))

Alfredo dijo...

Liliana.
¡Hay que ver cómo sois las mujeres, cuando por mucho, cuando por poco!
Me has recordado al difunto Chespirito.
Muchas gracias Liliana.
Salu2.

Liliana dijo...

Jajajaja
Es qie no me tienes paciencia!!!

😁😂😁😂

Alfredo dijo...

Liliana.
No, es que no contabas con mi astucia.
Salu2.

Liliana dijo...

Jajajajaja

Qué no panda el cúnico!

:D