viernes, 4 de agosto de 2017

Diógenes, su perro y la birra.


Una de las citas de Diógenes el Cínico que ha llegado hasta nosotros, es aquella que dice: "Cuanto más conozco a la gente, más quiero a mi perro".

En más ocasiones de las que quisiera, estoy de acuerdo con él. Son momentos, en que los que viendo el egoísmo, la intransigencia, el odio, el menosprecio, la desconsideración, la villanía con que se actúa en la vida, me hacen renegar de la especie humana. Ese bajón que conturba mi ánimo, suele pasar al poco rato, otras veces tarda algo más.

La semana pasada estaba en la barra de un bar tomando un café. Hacía tiempo mientras esperaba la hora de la cita con un agente inmobiliario. Llegaron tres jóvenes que pidieron cerveza. Como quiera que el hueco era escaso, codazo va codazo viene, se metieron entre otro cliente y yo. Ninguno de los dos abrimos la boca. Ellos parloteaban, gesticulaban, y entraban a los pinchos de la bandeja sobre el mostrador con todo descaro. El barman, viendo el saque que tenían, optó por agarrar la bandeja y llevarla al otro extremo.

- Oye, le dijo uno, si los tienes para adorno, mejor los haces de escayola.

- Ya, y si vosotros queréis matar el hambre, en el comedor damos el menú del día.

- Anda, trae aquí y sirve otras birras.

Dudó por un momento el camarero, pero... la recaudación es lo que importa. Sirvió otras jarras y les puso en un platillo dos pinchos para cada uno. El que se supone era el chistoso, con guasa le dijo... "Gracias generoso". En ese momento, jarra en mano se volvió, el líquido elemento, lleno a rebosar, se desplazó cual ola enorme, esas tan altas en que los barcos desaparecen de la vista, y fue a parar a mi chaqueta. Solamente le oí decir un ¡vaya coño, ya perdí la mitad! mientras los otros se reían a carcajadas.

Continuaron a su bola sin pedir una simple disculpa.

- Podías tener un poco más de cuidado, digo yo. Recriminé mientras trataba de limpiarme.

- ¿Cómo dices?

- ¡Que por lo menos podías disculparte, mira como me has puesto!

- ¿Y? Ha sido un accidente, ¿acaso no lo has visto?

- Ya, pero yo me quedo con la mancha y tú tan fresco. No estaría de más una disculpa, con o un "lo siento", vale.

- ¡Tas pirao, viejo! Hay que tener más reflejos.

- Lo que hay que tener es respeto, civismo y urbanidad, que es lo que te falta.

- ¿A qué te suelto un par de yoyas?

El camarero, dueño del local o lo que fuere, trató de poner paz. El gallito estaba frente a mí con cara desafiante. Le iba a decir que no me acojonaba, pero se me anticipo.

- ¡Ya está bien señores, no quiero discusiones! Y vosotros haced el favor de marcharos.

Fue lo último que recuerdo. Once días después salí del coma en el hospital. Al parecer el individuo me había dado un cabezazo que me lanzó contra la máquina tragaperras. Las dos heridas la una en la frente y la otra en el colodrillo, me retuvieron allí otros cuatro días más. Ya estoy mejor, de la cabeza digo, pues el ánimo lo llevo por los suelos. Interesada la policía en el suceso, a pesar de que el local estaba a rebosar, nadie había visto nada. Los tres amigos dijeron que todo fue un accidente. Al tratar yo de esquivar el líquido que se me venía encima, resbale y caí de espalda con mala fortuna.

Para la policía la explicación no justificaba el chichote y la brecha de la frente, pero ni yo podía ser mi propio testigo.


3 comentarios:

Elda dijo...

Hola Alfredo, ahora mismo me hierve la sangre, porque cierto es que la juventud cada día tiene menos educación, y no se les puede decir nada ya que enseguida se valentonan, sobre todo si van acompañados por sus secuaces, porque a estas alturas no se les puede llamar de otra forma.
Son unos salvajes, solo hay que ver las noticias en la tele de todos los exaltados que actúan con disculpa de cualquier cosa.
Sin ninguna duda, donde esté un perro, que se quite cualquier tipo de estos.
Un buen texto que me ha puesto furiosa por lo real, jajajaja.
Un abrazo.

Alfredo dijo...

Elda.
Posiblemente la juventud sea demasiado egoísta, parece que solamente piensan en ellos sin importarles un comino lo de los demás. Pero no todos son garbanzos negros, hay multitud de jóvenes estudiosos, educados y que se preocupan sanamente de otras personas, del medio ambiente, del deporte que ayuda mucho en las relaciones. Tampoco hay que poner el acento solamente en la juventud, yo, que salgo a menudo por los pueblos de mi tierra, me encuentro cantidad de jubilados venidos en excursiones, que poco se distinguen de esos jóvenes, creen que por el mero hecho de ser mayores, tienen derecho a hacer lo que les venga en gana.
Gracias Elda, y deja sosegar el ánimo.
Salu2.

Liliana dijo...

Pues me ha pasado igual que a Elda, me ha dado coraje...argggggh!
Pero también es verdad que hay de todo, jóvenes educados y no tan jóvenes nada educados.

Saludos =)))