domingo, 8 de octubre de 2017

El Hotel.


La casona, un tanto decrépita por el paso de los años y el abandono, salió a subasta con un precio irrisorio. Así y todo, corriendo los rumores que corrían por el pueblo, ningún vecino pujó. Un mes después, volvió a salir a subasta sin precio de salida. Un avispado hombre de negocios, pensó que allí había chollo, y, aunque tuviera que derribar el edificio y construir de nuevo en la parcela, salía a cuenta. Ofreció un miserable euro y se llevó casa y finca.

Encargó a un arquitecto que revisara cimientos y demás para ver si se podía aprovechar algo. Este le comunicó que solamente era desechable el tejado, y que con la reforma del interior quedaría un hotel de lujo. El único inconveniente que tenía, era el ruido que producía la cementera situada tras el monte cuando soplaba el aire del nordeste. Nada especial que no se pudiera remediar con un buen aislamiento en el interior, pero sí para la terraza que pretendía y desde dónde se podría contemplar todo el valle y la ría que a unos cientos de metros formaba una hermosa playa.

Entraron los obreros y en menos de cuatro meses la obra estaba terminada. Solamente ocho habitaciones por planta, veinticuatro en total aprovechando el bajo cubierta. Los sótanos, antiguos calabozos, se destinaron para los servicios; almacén, lavandería cámara y cocinas. El piso bajo para recepción, comedor, bar, salón de estar, escalera y ascensor. Asfaltaron el camino, allanaron la parte trasera para aparcamiento, y junto a la fachada del oeste, colocaron la piscina con lo que la obra se dio por finalizada. Los clientes comenzaron a llegar con la primavera. Al principio, más que otra cosa, parejas que buscaban un sitio discreto, no lejos de la ciudad y en un entorno privilegiado. Poco a poco, entre la propaganda de los medios y el boca a boca, el hotel casi siempre estaba al completo.

Fue a partir del mes de octubre, cuando la clientela bajaba bastante por semana, que algunos de los habituales empezaron a notar cosas raras. Se quejaban de un frío húmedo en la habitación 213. Un frío que se desplazaba de un lado al otro de la cama o hacia los pies. Tenían la sensación que desde una especie de nebulosa de contornos imprecisos, les espiaba algún ser maligno cuando dormían, y que en la 212, al otro lado del distribuidor, se abría sin ton ni son la puerta del armario de corredera de donde salía una figura grisácea que se perdía por el pasillo.

Antonio llevaba el hotel y a él le fueron con la embajada.

- ¿Fantasmas en un hotel que solamente lleva seis meses de funcionamiento? ¿En un edificio nuevo? Perdón señor Julio, pero me parece un tanto raro. Tal vez la puerta quedó desnivelada y con cualquier movimiento imperceptible se abre. Ya sabe que los edificios, y aunque no lo parezca y se hable de obra muerta, están muy vivos. Hay movimientos telúricos muy lejanos y profundos que nosotros somos incapaces de percibir, pero no los edificios.

- Ya sé que las chimeneas de una fábrica, oscilan, ¡pero esto es un mazacote rectangular y de escasa altura! Además, no se olvide de esa etérea figura, ese efluvio que parece venir de algún lado para dirigirse a otro.

- Don Julio, es usted un buen cliente y no lo quiero perder, de las habitaciones que tengo libres, escoja la que desee.

Y don Julio y su ligue se mudaron para el piso de arriba y en lo sucesivo no se volvieron a quejar. Sin embargo, don Pedro y su secretaria, los de la 213, no se movieron de allí para disgusto de la señorita.

- Son aprensiones tuyas Angelita. Siempre con el miedo en el cuerpo por temor a tu novio, te hacen ver fantasmas donde no los hay. ¡Cómo va a haber aquí fantasmas!
Claro está, que don Pedro después de un par de faenas y vuelta al ruedo, caía rendido y no daba ni pie ni mano.

Hasta que una noche, Puri que así se llamaba la secretaria, notó la presencia del fenómeno. Sintió el frío aún antes de que sin romperla ni mancharla, atravesará la puerta que daba al pasillo. Se arrebujó con la sábana y la colcha contra el cabecero de la cama, a la par que muda por el espanto, trataba de despertar con pataditas y codazos a su amante. A medida que se acercaba, una figura de mujer se iba definiendo; ojos desorbitados, rictus de asco u odio cual posesa… y unas grandes tijeras amenazadoras.
Por fin el contenido grito salió de su boca, le dio un sopapo a Pedro, y cogiendo el almohadón se lo lanzó a la fantasmagórica loca. Entonces la mujer, en vez de asestar el golpe, lanzó las tijeras y se evaporó.

Todo podía haber sido un pesadilla, a no ser porque la tijera dio en la pared y rebotada fue a caer de punta sobre Pedro que ya se incorporaba.

Del arma, ni se supo. Desapareció al igual que su portadora, pero sus efectos los notó el hombre en su cuerpo;  tenía una cortada a la altura del hígado por la que no cesaba de sangrar.

El encargado de noche, visto el estado de nervios de la joven, y que la herida del hombre continuaba sangrando a pesar de los apósitos, optó por introducirlos en su coche y llevarlos al pueblo situado en la loma sobre la playa. Abrió la puerta el médico y los hizo pasar, proporcionó un sedante a la mujer, y tras desinfectar y poner unas grapas en la herida de Pedro, preguntó por lo sucedido.

- Ustedes perdonarán, pero necesito saber para descartar una agresión que tendría que denunciar.

- Ella le contará que es lo que ha pasado, yo simplemente me encontré sentado en la cama y con un dolor en la barriga como si me hubiera cortado con un cristal.

Y Purita, algo más calmada, relató al galeno lo que viera o creyera ver. El doctor, como de sesenta años, les hizo unas cuantas preguntas y luego de ofrecerles un té, revolvió en un cajón donde encontró lo que buscaba.

- Mire bien esta foto, le dijo a la joven entregándole una lupa. Quiero que me diga si reconoce a alguien.

La fotografía, que debió de estar enmarcada en su día, mostraba el edificio de la antigua casa cuartel de la Guardia Civil. Ante la casona, posaban los habitantes, y que a juzgar por sus vestimentas, o era el día de la inauguración, o la celebración de la patrona. Los niños en primer lugar, detrás las mujeres, y tras ellas sus maridos, vestidos de gala.
Con un simple golpe de vista, señaló una cara que luego inspeccionó con calma ayudada de la lupa. La mujer tendría sobre cuarenta años y buena figura. También se fijó en otra que en vez de mirar a la cámara, tenía la cara volteada hacia uno de los guardias de la fila superior.

- No hay duda, esta es la persona que vi, dijo señalando a la mujer que estaba al otro extremo de la que tenía la cara volteada.

Don Fernando, el médico, tomó la foto y la dio la vuelta. En el dorso estaban escritos por grupos los nombres de los siete guardias, sus mujeres y sus hijos. Entonces contó a la pareja una historia que oyera cuando apenas tenía quince años.


 - Conozco bien la historia del cuartel, he nacido en este pueblo, aquí me crié y aquí me jubilaré en unos años. Solamente durante mi etapa de estudiante, y luego en los primeros de profesión, he estado fuera.
- Siempre se ha dicho, que en los sótanos se torturaba para obtener información, primero por culpa de la guerra, y después para tratar de detener a los jefes del contrabando que entraba por la ría. En la primera etapa, hubo algunos desaparecidos. Las gentes del pueblo dejaron de murmurar cuando supieron que los presos habían sido llevados a la cárcel de la capital. No obstante, y dada la situación de asedio en que se encontraba el cuartel, la jefatura optó por cerrarlo por un tiempo. Pasada la guerra, lo reabrieron. Fue entonces el estraperlo lo que debían tratar de perseguir, embrión que dio paso a los contrabandistas que de matute metían toda serie de mercancías para su distribución en la ciudad.
Los guardias vigilaban día y noche la bocana del minúsculo puerto y la playa, pero al parecer, algunos de los vigilantes estaban en connivencia con los matuteros. Uno de estos guardias que hacía la vista gorda, estaba prendado de la mujer de un compañero a la que hacía regalos, hasta que la consiguió. Mas, en tan reducido espacio, conviviendo los unos con los otros, todo se llega a saber.
Simón, el galán corrupto y corruptor, tenía mujer y dos hijos. Ella, que se había montado un rústico taller de confección en la despensa de su piso, comenzó a sospechar que su marido la engañaba. Las mujeres saben bien cuando su hombre les es infiel. Lo que no imaginaba, era quien era la otra y dónde se reunían. Una noche, la mujer de Simón se despertó hacia las cuatro de la mañana. Se encontró sola en el lecho, y una punzada taladró su corazón. Nadie pudo explicar cómo supo con quien estaba su marido, tampoco cómo entró en la casa de su rival, lo cierto es que tres cuerpos aparecieron muertos en la alcoba de la amante cuyo marido estaba de servicio en el puerto. Sea como fuere, Ana, la mujer de Simón, mató a ambos con las tijeras que siempre llevaba colgando de una tanza entre la falda, al estilo de alguna gitana de las que venden telas por los mercadillos. Simón, antes de morir, empuñó la pistola que llevaba para disimular si alguien lo veía por el pasillo, y disparó dos veces a Ana.
Hasta aquí, más o menos lo sucedido. Otra cosa es lo que a raíz de aquello se cuenta de tarde en tarde, porque nadie quiere saber nada del tema. Decían, que desde aquel funesto día, el espectro de Ana vagaba por el edificio en busca de su marido con las tijeras de sastre en la mano, y que en los sótanos del cuartel, se escuchaban los lamentos de aquellos que en vez de ser conducidos a la capital, fueron asesinados. Lo cierto es, que usted señorita, que nada sabía de esta historia, ha señalado con acierto a Ana. Mire a su marido detrás. ¿Sabría decirme quién es la amante?

- Está claro, no puede ser otra que ésta que lo mira.

- Pues ya tiene a los difuntos, y la constatación de que en ese hotel, hay al menos un fantasma que no ha comprendido que su venganza le costó la vida.
Avisaré a Antonio de lo que hay, y que él decida si ha de clausurar esas habitaciones. Yo lo haría.






14 comentarios:

Elda dijo...

Que interesante cuento Alfredo. Infidelidades de otros tiempos que dan la cara en un hotel donde hay amantes desempeñando el mismo papel, :))).
Me ha encantado este misterio que al final desvela el médico del lugar, y desarrollado con la habilidad que te caracteriza.
Un placer la lectura.
Un abrazo.

Elda dijo...

Se me olvidó decirte que las fotos que compartes, son preciosas.

Liliana dijo...

Me ha gustado mucho Alfredo, el último detalle del médico le ha dado un toque extra fantástico.

Saludos =)))

Alfredo dijo...

Elda.
Gracias Elda.
Aunque para cámara fotográfica nada hay como el ojo humano, la mía no lo hace mal del todo, y eso que no llegó a los trescientos euros. Mejor colgar una foto mía aunque no vaya mucho con el tema, que andar buscando las de otros y buscarme algún lío. Al face suelo subir series de los los sitios a los que voy, aunque al igual que mis cuentos, no tienen demasiada acogida.
Salu2.

Alfredo dijo...

Liliana.
Gracias por pasarte Liliana. Me presta que te entretuviera.
Salu2.

Liliana dijo...

Te presta?? qué quiere decir eso...?

:D

Alfredo dijo...

Liliana.
Es una palabra que en mi tierra se utiliza mucho, significa me agrada, me gusta, me satisface, me alegra...
Me prestó la pregunta.
Salu2.

Liliana dijo...

Ahhhhhhhhhhhhhh! pues he aprendido una palabra nueva....!

Gracias y buen finde =)))

Alfredo dijo...

Liliana.
Vale, pero no pienses que sirve para toda España, que yo sepa solamente se utiliza en ese sentido en Asturias.
Igualmente.
Salu2.

Liliana dijo...

Si, lo entiendo Alfredo.

=)))

Manuel dijo...

Muy interesante, Alfredo; y te voy a comentar, que existen muchas historias de casos paranormales acaecidos en cuarteles de la Guardia civil. No se si serán ficción como el tuyo, pero haberlas haylas.
En Sevilla, tenemos también, para los que les gusta sentir escalofríos, unas visitas guiadas por diferentes puntos de la ciudad, que creo que se hacen por las noches, y que parece ser que están teniendo mucho éxito. Creo que le llaman la ruta del misterio.
Me ha gustado mucho, el cuento.
Un abrazo.

MuCha dijo...

Un placer conocerte
me gusta como manejas tus letras dándole el gusto que quieres darle, en el justo momento que escribes
saludos desde Miami

Alfredo dijo...

Manuel.
Por aquí creo que también lo hacen, hay además un concurso de cementerios, aunque no sé si los visitarán de noche. A mí me daría yuyu.
Gracias Manuel.
Salu2.

Alfredo dijo...

MuCha.
Muchas gracias por el comentario que me dedicas desde la soleada Miami.
Salu2.