jueves, 14 de diciembre de 2017

Diario tardío y disparatado. (5)


 12 de mayo de 1995.

Perdona querido diario, si abuso de eso que llaman flashback, es cierto que voy de una cosa a la otra sin tener en cuenta las fechas, pero te cuento lo que a la cabeza me viene, y como te digo, una cosa lleva a la otra.
Me he dado cuenta, que de todo lo que voy escribiendo, me falta un actor principal: Don Mateo Argañosa y de Los Llanos, Conde de La Felechosa.


En realidad, a don Mateo se le daba un tratamiento que no poseía, pues los títulos fueron abolidos durante la Segunda República. Como quiera que el padre de Mateo muriera arruinado en el treinta y dos, a la restauración nobiliaria del cuarenta y siete, le correspondía el título a su primogénito Mateo, pero éste renunció a tal honor. Por aquellas fechas, no quedaba más patrimonio que la casa solariega, unas parcelas en las afueras de La Villa y el Montiquín que vendió a mi abuelo Joaquín. La venta fue simbólica, ya que cinco pesetas por una casa, aunque estuviera en pésimas condiciones, y un monte, era un regalo. El conde era soltero y sin visos de casamiento, y si él faltaba, todo sería para su hermano bastardo, del mismo palo que el padre: Putañero y despilfarrador. Mateo prefería que al menos aquello, fuera de su amigo.


La muerte de Joaquín, se llevó la ilusión de Mateo por encontrar aquella veta que les hiciera ricos, también la de las familias que de ello vivían. En realidad, el dinero, aunque era esencial, no era lo que buscaban. Buscaban el gozo que les procuraba el hallazgo, esa incertidumbre, llena de esperanza que proporciona un éxito incomparable. Aunque el conde trabajó por unos meses con el más capaz de aquellos mineros, tuvieron que abandonar. Nada encontraron.
Pero un nuevo reto se presentaba ante él. Convenció a mis padres para invertir en el negocio de la quesería. Movió cielo y tierra para conseguir varias cosas: El agua que se necesitaba, la ampliación y adecuación del pajar abandonado, la acometida de corriente eléctrica, el ensanchamiento y asfaltado del camino del camino, la maquinaria... y el dinero para todo aquello.
Mateo vendió las parcelas, convenció al alcalde de que les hiciese un depósito que recogiera el agua del manantial de la fuentiquina. "Nosotros tenemos agua en abundancia, le dijo. Tú nos haces dos depósitos uno para nosotros, otro para el pueblo, y dejamos el excedente para el regato. Preparas el camino para que suban los analistas, el agua es purísima y el caudal abundante, ni en verano merma y siempre te saldrá más barato que depurar la del río. Además vamos a dar empleo por lo menos a media docena de trabajadores".



A la central eléctrica fue fácil convencerla para que subiera el alumbrado. Aceptó gustosa a la vista del negocio, total eran media docena de postes y cuatro cables amortizables en menos de un año.
Negoció los precios de la leche con varios proveedores del pueblo, ya que las cabras y algunas ovejas que teníamos no eran suficientes para tal empresa, pidió dinero a fondo perdido a la Cámara Agraria... En fin, no dejó un resorte sin tocar. El ser hijo del Conde de La Felechosa le abrió muchas puertas.
En menos de un año, la Cooperativa Quesera el Montiquín, estaba funcionando, hasta la mula era feliz por volver a trabajar. Mi padre construyó unas rejas para colocarlas en las cuevas que había en lado este del Cagayón donde maduraban los quesos, y Ramona era la encargada de subirlos.
Una vez todo en marcha, nuestro amigo el conde se dedicó a promocionar el producto con el que a Dios gracias, nos ha ido bien.


Dos de mis hermanas y yo misma, trabajamos en casa, la otra, Sofía, siempre mística ella, acabó profesando y anda de convento en convento allá donde la mandan. Mis hermanos lo hacen en la fundición que montaron. Además de fundir las obras que mi padre crea, hacen ruedas para vagonetas, hélices de barco y cuantos encargos, por complicados que sean, les hacen. Una de sus mejores obras, fue el modelado y fundido en bronce, de un diseño de Juaco para la entrada del Pabellón del Ganado, donde se hacían las ferias y que años más tarde, se abriría a otros eventos para dotarlo de mayor continuidad y aprovechamiento. En la entrada, un aldeano con su vara y sus madreñas guiando dos vacas y un ternero a tamaño natural, recibe a los visitantes. 




Otra de las esculturas que hizo mi padre para la ciudad, se llevó a cabo con la aportación de casi todos los habitantes. Fue con motivo de la jubilación del alcalde, que ejerció durante los años de la dictadura, y luego ya en democracia. Gozaba de gran predicamento por las cosas que hizo en favor del pueblo, mutilado de guerra del bando Nacional, le faltaban ambas manos, pero no los arrestos necesarios para conseguir lo que se proponía; comedor social en tiempos complicados, nuevas escuelas, ambulatorio, caminos para comunicar las aldeas...
La fábrica de aceros proporcionó el material, no le costó demasiado, provenía de la chatarra que tenía apilada para fundir. Un contratista se encargó de la obra civil, mi padre del diseño, y mis hermanos de la ejecución. Un estanque de unos doce metros de diámetro, contenía la obra. Dos parejas hombre y mujer frente a frente, dotados de movimiento en brazos y caderas, maniobraban una cigüeña, rabil o manubrio conectado a una serie de piñones y coronas dentadas de grandes dimensiones y pintados de varios colores. Los piñones movían a su vez un émbolo que subía y bajaba impulsando el agua hacía un grueso tubo, por donde dejaba fluir un chorro de agua. En realidad todo el conjunto era movido por un motor oculto, y una bomba en circuito cerrado, pero la sensación era que ciertamente aquellas personas lo movían. El significado era sencillo; El pueblo unido, es capaz de mover los engranajes de su ciudad, para que fluya la vida.



No sé si volveré de nuevo, o si será esta mi despedida, diario querido. Al fin y a la postre, ya te lo he contado casi todo. Disculpa si crees que fue demasiada cháchara insustancial, pero ten en cuenta, que fue desde el corazón aunque no haya sabido expresarme. La cuentacuentos era mi madre.

3 comentarios:

Alfredo dijo...

Alfredo.
Al final me he decidido a terminar hoy el cuento, ya me parecía dar mucho la lata. Ahí van las notas sobre las fotos.

Foto 1; Palacio de Moral.
Moral es un lugar del concejo de Sariego. Posiblemente su nombre provenga por ser un lugar donde había árboles -moreras- o zarzas que también dan moras aunque el fruto no sea exactamente igual.
El Palacio de los Vigil Quiñones de Moral de Sariego, hoy en ruinas, de arquitectura palaciega rural asturiana del XVI-XVII, tiene dos torres de sección cuadrada y un cuerpo central.

Foto 2. Billete de cinco pesetas del año 1935, el año en que nació la escritora de este sucinta narración. Al igual que otros billetes lo guardo como oro en paño aunque tenga reducido valor.

Foto 3. Central eléctrica de La Malva.
La generación de energía de esta central comenzó hace cien años en 1917. Se tardó cuatro años en su construcción. El agua para mover las turbinas procede de los lagos de Saliencia y del Valle donde se capta. Es conducida por canales y un túnel a través de 20 kilómetros de escarpadas pendientes.
La Malva está enclavada en el Parque Natural de Somiedo, Reserva de la Biosfera. Fue la primera central hidroeléctrica en la que trabajó una mujer.

Foto 5. El Tratante.
En el Parque del Carbayedo de Avilés, se celebraron hasta el 70 mercados y ferias de ganado. En este parque, está ubicada la estatua de El Tratante, realizada en bronce a tamaño natural por Amado González Hevia, "Favila" en 1999.

La última foto es de parte del mecanismo de un reductor del Pozo Fortuna, situado en el concejo de Mieres, en el valle de Turón. Hay una senda verde donde se puede contemplar la maquinaria utilizada en el pozo. También hay visitas guiadas para conocer una auténtica galería subterránea, destinada a polvorín.
Buen finde, por si no puedo volver hasta el lunes.
Salu2.

Elda dijo...

Unos artistas los hermanos de la protagonista.
Un cuento muy agradable de leer Alfredo, además es que lo explicas con la buena retórica que te caracteriza.
Las fotografías son muy bonitas. Me encanta la escultura del tratante, es fantástica.
Ha sido muy entretenido leer el diario.
Un abrazo y buen fin de semana.

Manuel dijo...

De disculpas nada, sino todo lo contrario, te lo agradezco porque han sido cinco cuentos en uno, y todos muy amenos y bien contado.
Como siempre..un placer leerte.
Un fuerte abrazo.