viernes, 9 de marzo de 2018

La mujer que engañó al diablo.


La Manona: Que se detengan los que no respetan la naturaleza ni sus leyes. Que continúen su camino los que aún creen en misterios ocultos y seres mágicos.

Cuenta una leyenda popular, la historia de un aldeano poseedor de unas áridas tierras de las cuales apenas sacaba provecho. Su mujer, harta de pasar inviernos de hambre, le conminó:
- Martin, has de poner remedio de algún modo a esta situación... o te dejaré más solo que la una.

Por mucho que el hombre cavilaba en busca de solución, no daba con ella. Ni pensar el trabajar de criado para algún vecino, tan míseros como él. Y he aquí, que cuando derrotado miraba el pedregal donde solía sembrar, apareció lo que por su vestimenta él creyó un trasgo: pequeño, blusa y gorro picudo colorado, rabo, y pequeños cuernos. Portaba una fisga en la mano, esa en la que debía tener un agujero para ser un "trasgu", y que lo miraba con insolencia.

- No te confundas, aunque solamente soy un diablo menor, ese ser al que nombras no me llega a mí a la suela de los escarpines. Dime, ¿qué me darías si te ayudo a quitar todas esas piedras, a dejar mullida la tierra y dispuesta para la siembra?

- ¡No tengo cosa que te dar! En todo caso... la mitad de lo que podamos cosechar.
- Bien, acepto. Cumple con el pacto, o tendrás que lamentarlo.

Y en aquel mismo momento, moviendo la fisga que portaba en su mano, salieron volando las piedras, grandes y pequeñas, formando un enorme montón. Luego, la clavó en tierra, con leve temblor se deshicieron los terrones, quedando plano y listo el terreno para el arado.

Martín corrió a contar lo sucedido a su mujer,  y esta le dijo que sembrara trigo para hacer buen pan, cebada para las vacas que iban a tener... y ya verían.

Llegado el tiempo, a últimos de junio, el hombre hace el reparto, coge su mitad por la parte de arriba; el grano, y deja la de abajo para el diablo; la paja.

En esa misma tierra, y tras recoger la cosecha, deciden sembrar nabos. El hombre, aleccionado por su mujer, ofrece al demonio la parte inferior esperando que elija, en evitación del engaño, la superior. Pero el demonio no se decide ni por una ni por otra.

- Los repartiremos a uñadas, le dice confiando en las suyas largas y fuertes, el que más rebane, para él.

Esta vez el diablo parecía llevar ventaja, cabizbajo llegó el hombre a casa y contó a su mujer el trato. Quiso ella que diablejo fuese a verla, y cuando entró en la casucha, la halló frente al llar que avivaba con el soplillo, las piernas abiertas y el "fandango" a la vista iluminado por la llama. Preguntó él qué era lo que tenía entre las piernas, y ella contestó: Una uñada que mi hombre me hizo. Ante aquello, el diablo poco tenía que hacer, se marchó enfurruñado para no volver.

Esta leyenda, aunque con algo más de malicia, es similar a otras muchas que circulan por distintas regiones y que combinan los frutos hortícolas del lugar. Sin embargo, atendiendo al final, posiblemente alguien se haga esta pregunta: ¿Desde cuándo el diablo, por menor que este sea, se amedrentaría ante tal visión? 
La explicación podría ser la siguiente:
En los aquelarres, el demonio marcaba a los neófitos con la uña hasta que brotara la sangre, la cual depositaba en una vasija. Si el marido de aquella mujer, le había hecho tal tajada de una uñada, el diablillo debió de pensar, que ella era bruja y él un diablo mayor.


Ruta del camín encantau. Llanes.
En esta senda podrás encontrar, además de bellos paisajes, figuras de la mitología asturiana como La Castañera, El Cuélebre, El Segador, El Nuberu, El Diañu Burlón, o El Hombre del Sacu entre otras.


4 comentarios:

Elda dijo...

Desde luego la mujer eran bien lista y solucionó el problema de un plumazo, jajaja.
Bonito cuento que me ha gustado mucho.
Las fotos son preciosas, y el lugar parece muy atractivo en la última foto.
Conozco algunos lugares de Asturias, y desde luego son una hermosura, pero es que España por donde se la mire, es una belleza.
Un abrazo y buen fin de semana.

Manuel dijo...

Me ha gustado muchísimo, y además he aprendido dos palabras que no conocía como trasgu y fisga, y hay una tercera que al principio dudé pero, al leer que era una uñada del marido...no hizo falta. Ahora me explico porqué me gusta a mi tanto los fandangos...de Huelva y de Alosno.
Un abrazo.

Alfredo dijo...

Elda.
Si no fuera por las mujeres, ¡qué sería de nosotros!
Siempre complacido por el comentario.
Tienes razón. En cuanto a mi tierra, ya me dirás los sitios conoces para recomendarte alguno.
Las fotos así así, es una buena ruta para la primavera.
Gracial mil.
Salu2.

Alfredo dijo...

Manuel.
Bueno, yo también he tenido que ir a ver ese pueblo de Alosno. Por los fandangos, digo. Siempre se habla de los de Huelva sin percatarnos, al menos los de lejos, que no solo se cantan y bailan allí.
El Trasgu es un ser de la mitología asturiana muy enredador. En cuanto a la Fisga iba a escribir pala de dientes, pero ya se sabe que los demonios suelen llevar tridente. La pala de dientes lleva cuatro, al menos por aquí.
Gracias Manuel, me voy a ver el partido.
Salu2.